Hoy se cumplen 39 años del devastador terremoto de Managua

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El terremoto de Managua de 1972 fue un sismo de magnitud 6.2 grados en la escala sismológica de Richter que destruyó la capital de Nicaragua, a las 12:35 de la mañana del sábado 23 de diciembre de 1972, con una duración de 30 segundos, seguido por dos réplicas de 5.0 y 5.2 grados a la 1:18 am y 1:20 am., respectivamente, casi una hora después del primer temblor, con epicentro dentro del Lago Xolotlán 2 kilómetros al noreste de la Planta Eléctrica Managua en la falla de Tiscapa.

Destruyó el centro de la ciudad y causó más de 10 mil muertos y 20 mil heridos, aunque no se sabe el número exacto de fallecidos debido a que hubo cadáveres que nunca fueron sacados de los escombros por los rescatistas nacionales y extranjeros y que al descomponerse causaron un fuerte hedor durante casi 5 meses hasta la llegada de la estación lluviosa en mayo de 1973.

Los incendios causados por el desastre se prolongaron durante las dos semanas siguientes hasta el 6 de enero de 1973, debido al quiebre de la tubería de agua potable y al desplome de los 2 cuarteles del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua, situados en el barrio Candelaria y frente al Estadio Nacional, se derrumbaron aplastando a las unidades.

Esto obligó a los cuerpos de bomberos de los departamentos de Carazo, Granada, León, Matagalpa y Masaya a ir a Managua para apagar el fuego; la energía eléctrica se fue en casi todo el país debido a que estaba centralizada en la capital en esa época.

La destrucción fue comparada con la de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, Japón, después del estallido de las bombas atómicas, el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente, al final de la Segunda Guerra Mundial.

El día anterior, el viernes 22, el ingeniero Carlos Santos Berroterán llegó por la tarde a las oficinas del diario La Prensa para decirle a su director el Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal que la sequía que ese año abatía el país podría causar un sismo fuerte.

La hipótesis se reforzaba en que el invierno de 1930, que precedió al terremoto de Managua del 31 de marzo de 1931, fue de escasa pluviosidad y que era necesario publicarlo en La Prensa ese mismo día (en esa época dicho periódico salía a las cinco de la tarde y hasta 1996 se convirtió en un diario matutino); Chamorro le dijo que publicarían en la primera página una esquela anunciando dicha hipótesis para hablar a fondo sobre ella los días siguientes.

Hacía mucho calor. En la noche se sintieron 3 temblores leves a eso de las 10:00 y 10:30 pm, pero casi nadie le dio importancia pues era día de fiesta previa a la celebración de Navidad de 1972. El cielo se veía enrojecido.

A las 00:35 horas del sábado 23 tembló fuerte en Managua durante 30 segundos a causa de un sismo con una magnitud en escala Richter 6,2 grados, cuyo epicentro fue dentro del Lago Xolotlán 2 kilómetros al noreste de la Planta Eléctrica Managua, ubicada a orillas de dicho lago, causando la mayor destrucción en el centro capitalino, pues el sismo hizo que se activaran las fallas geológicas de Tiscapa, Los Bancos, Chico Pelón (estas tres dentro del centro), la de las Escuelas y la del Aeropuerto esta última llamada así porque pasa debajo del Aeropuerto Internacional de Managua, que en ese tiempo se llamaba Aeropuerto Internacional de las Mercedes.

La falla del Estadio (que atraviesa el Estadio Nacional Denis Martínez), causante del terremoto de 1931 no se activó esta vez. Era la segunda vez en 41 años, 8 meses y 23 días que la ciudad se estremecía por un fuerte terremoto. A la 1:18 y 1:20 am otros dos sismos de 5.0 y 5.2 grados terminaron de derribar las viejas construcciones.

El flujo eléctrico dejó de circular casi al instante de la primera sacudida; los conductos de agua se reventaron y saltaron; un derrumbe ciclópeo se veía por doquier y por las calles corrieron ramificadas grietas de insondable profundidad. La luna, apenas pasada de llena, continuó alumbrando dantescas escenas, desde un cielo enrojecido por los incontenibles incendios que casi al instante estallaron en la zona comercial.

Los daños materiales fueron cuantiosos: el 90% de las casas, en el radio central, se derrumbaron y las que quedaron en pie estaban dañadas severamente, al punto de reconocerse como inservibles. Más de 600 manzanas quedaron destruidas por el sismo; unas 50.000 construcciones quedaron en escombros y más de 280.000 personas quedaron sin hogar.

El 75% de las viviendas y edificios del centro se derrumbaron. El 95% de de la industria desapareció; el 75% de la infraestructura desapareció, el 90% del comercio sucumbió al terremoto y los incendios, el 40% de las fuentes de ingreso fiscales desapareció. Los servicios públicos de agua potable, energía eléctrica, telecomunicaciones y alcantarillado quedaron cortados por los movimientos terráqueos.

En la ciudad de Managua cayeron destruidos todos los hospitales públicos y privados del país; los hospitales del Seguro Social, frente al costado norte del parque 11 de julio en la calle de este nombre, El Retiro (que estaba en la pista Benjamín Zeledón, de la actual rotonda El Güegüense una cuadra al este) y Bautista (el único hospital privado del país en esa época y que fue fundado por la Iglesia Bautista en 1936) se derrumbaron o quedaron dañados severamente. Sólo el Hospital Militar, inaugurado por el presidente Anastasio Somoza García el 1 de febrero de 1956, quedó en pie y fue reparado posteriormente; el Hospital Vélez Paiz situado en el kilómetro 5 y ½ de la Carretera Sur (en las afueras de la ciudad) resistió los temblores, fue reparado posteriormente y hoy es un hospital materno-infantil.

La mayoría de las casas que se cayeron eran de taquezal, porque al sobrevivir al sismo de 41 años antes, les “repararon” sus paredes con revestimiento pero no sus cimientos por lo que se derrumbaron, al igual que las casas nuevas de ese mismo material de construcción al no tener muy cimientos profundos, aunque hubo casas modernas que soportaron el temblor. Hubo edificios de hormigon mal construidos que se desplomaron como los templos de Cristo del Rosario, del Carmen, del Calvario y del Redentor y los colegios Calasanz, Divina Pastora, Ramírez Goyena, Bautista, Americano Nicaragüense, etc. La Catedral de Santiago, hoy Antigua Catedral de Managua, resultó agrietada, quedando inhabilitada hasta hoy.

La Casa Presidencial de la Loma de Tiscapa, de estilo árabe, al igual que el Palacio del Ayuntamiento se derrumbó parcialmente porque el terremoto de 1931 habia debilitado sus cimientos y paredes y posteriormente se demolió. El vecino Palacio de la Curva, sede del Jefe Director de la Guardia Nacional GN, también resultó dañodo y una de sus dos torres se cayó y fue demolido, pues al lado sur de ambos está la laguna de Tiscapa atravesada por la falla de su nombre, de suroeste a noreste, terminando en el lago de Xolotlan. Inclusive, el la calzada del Paseo de Tiscapa, que bordea la laguna, quedó agrietada por dicha falla.

El edificio del Banco Central de Nicaragua (BCN) de 16 pisos y planta rectángular, en la intersección de la Avenida Roosevelt y la 4ta Calle SO, quedó dañado; su auditorio del lado sur cayó, pues debajo del banco pasa la falla geológica de los Bancos. Esquina opuesta el Banco de América (BAMER) de 19 pisos, con un vestíbulo y 2 sótanos resistió los embates telúricos por su sistema antisísmico aprendido en California, EEUU, y hoy es sede de muchas oficinas de la Asamblea Nacional de Nicaragua.

Sus pilotes de hormigón son similares a los de la Torre Latinoamericana, de la Ciudad de México, México. Frente al costado norte del Banco Central y del costado oeste del BAMER se ubica el Banco Nacional de Nicaragua, de 3 pisos, que quedó en pie y hoy alberga a la Asamblea Nacional desde 1985, aún cuando una falla lo atraviesa.

Los edificios del Inss (Instituto Nacional de Seguridad Social), la Enaluf (Empresa Nacional de Luz y Fuerza), el Palacio Nacional (sede del Congreso y que hoy es el Palacio de la Cultura), el Banco Nicaragüense (BANIC), el Hotel Intercontinental Managua (hoy Hotel Crowne Plaza Managua), el Palacio de Comunicaciones, el Zacarías Guerra, el Cerna, el Aeropuerto Internacional de Managua (llamado en ese entonces Aeropuerto Internacional Las Mercedes), el Casino Militar, la Iglesia de Santo Domingo, etc no sufrieron mayores daños y fueron reparados. El Teatro Nacional Rubén Darío, hecho con el sistema antisísmico japonés de rodos, resistió la sacudida sin mayores daños y apenas tenía 3 años de haberse inaugurado el 6 de diciembre de 1969.

El centro nocturno Plaza (que antes fue sede de la Junta Nacional de Turismo y estaba ubicado en el costado este del Parque Central, en el lugar donde está hoy desde 1979 la tumba de Carlos Fonseca Amador, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN), se desplomó matando a varias parejas que bailaban allí; uno de los sobrevivientes es William Báez Sacasa, futuro presidente de la Lotería Nacional en el gobierno del ingeniero Enrique Bolaños Geyer (2002-2007).

Los mercados de San Miguel y Central sufrieron daños por el incendio al igual que el BANIC (hoy Ministerio de Hacienda y Crédito Público), el First National City Bank of New York, la parte superior del BAMER, la Casa MacGregor, etc. La tienda La Florida, el hotel Reisel y el supermercado La Colonia, cerca de la estatua de Montoya, propiedad de la familia Mántica se les hundió un piso. Algunos pabellones e instalaciones del antiguo recinto central de la UCA Universidad Centroamericana, de los padres jesuitas) cayeron, aunque los del nuevo recinto ubicados al sur de la ciudad resistieron.

El desastre hizo que hubiera un éxodo de decenas de miles de personas desde esa misma fátidica madrugada. Las Carreteras Norte, Sur, Nueva a León y la de Masaya se fueron congestionando por el desfile de vehículos donde huían los temerosos sobrevivientes. Con el fin de evitar una epidemia que hubiera sido de grandes proporciones, se ordenó evacuar la ciudad a la mayor brevedad posible y comenzó el éxodo más doloroso y triste que recuerda la historia de Nicaragua.

Hubo saqueo, primero por delincuentes comunes el mismo día del desastre, y después por habitantes de los barrios pobres de Managua. Fueron saqueadas las casas comerciales, los almacenes, supermercados, tiendas, depósitos, iglesias, colegios públicos y privados, además de los bienes personales en las casas abandonadas por los atemorizados dueños, acto de lo más innoble y por demás censurable sin precedente en el país.

La ley marcial se decretó esa tarde el Jefe Director de la GN General de División Anastasio Somoza Debayle (Tacho), que se proclamó jefe del Comité Nacional de Emergencia y de hecho en gobernante del país aunque estuviera la Junta Nacional de Gobierno. Tacho admitió que hubo algunos fusilamientos de saqueadores.

Monseñor Miguel Obando y Bravo (Arzobispo de Managua) recorrió las calles durante 20 horas ayudando a las víctimas del desastre, según la información de La Prensa en su primera edición post-terremoto del 1 de marzo de 1973, al igual que 41 años antes lo hiciera de forma similar Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega. (Wikipedia).

 

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